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CÓMO SE IMPONE EL MARXISMO SIN SANGRE: GRAMSCI

por Alvaro Kröger

 

1. Corrompa a la juventud y déle libertad sexual.

 2. Infiltre y después controle todos los medios de comunicación de masas

 3. Divida a la población en grupos antagónicos, incitando las discusiones sobre asuntos sociales.

 4. Hable siempre sobre Democracia y Estado de Derecho, pero, en cuanto se presente la oportunidad, asuma el Poder sin ningún escrúpulo.

 

Esto lo escribió Lenin en 1913 quien dio un carácter netamente político a la teoría de C. Marx, llevando la revolución bolchevique con una violencia inusitada solo igualada y quizás superada por Stalin y Mao Tse- Tung u Ho Chi-Minh; pero surge como contraparte a dicha metodología de la fuerza y el terror (como el trotskysmo, el anarquismo, el nihilismo, el maoísmo, del castro-guevarismo y otros), un pensador capaz de llegar hasta las fibras de la sociedad de una nación sin provocar reacciones violentas, trabaja sobre las mentes de quienes serán los que a través de su ideología puedan transformar el universo social para sus fines. Ese pensador fue Antonio Gramsci cuya filosofía del pensamiento única tenía como objetivo un nuevo orden mundial (de inspiración plenamente marxista).

Nota Completa:

Antonio Gramsci y su influencia cultural – Base filosófica de la reforma educativa que soportamos

La Degradación de la cultura y los valores de nuestro tiempo

La degradación de la cultura y los valores en nuestro tiempo, En la búsqueda de un Pensamiento Único y Un Nuevo Orden Mundial forma parte de una inteligente estrategia diseñada por Antonio Gramsci (1891-1937).

Por Alvaro Kröger

 La estrategia de Gramsci

Gramsci sostenía que ninguna ideología podía imponerse por la fuerza. Toda revolución violenta genera, como inmediata respuesta, una contrarrevolución que debilita y hasta puede superar la fuerza de la primera. Todo cambio exige una mentalización previa que abone la tierra donde el cambio debe florecer. El ideario marxista no escapaba a esa regla.

Por ello diseñó su estrategia del siguiente modo:

Para imponer un cambio ideológico era necesario comenzar por lograr la modificación del modo de pensar de la sociedad civil (pueblo o habitantes de un determinado país) a través de pequeños cambios realizados en el tiempo en el campo de la cultura. Había que construir un Nuevo Pensamiento. Crear lo que él llamaba el Sentido Común de la gente, entendido como el modo común de pensar de la gente que históricamente prevalece entre los miembros de la sociedad. Había que lograr que la sociedad civil alcanzara un nuevo modo de “ver la vida y sus valores”. Para Gramsci, esto era más importante, y prioritario, que alcanzar el dominio de la sociedad política. (conjunto de organismos que ejercen el poder desde los campos jurídico, político y militar).

Para lograr que la sociedad civil (el pueblo soberano, la opinión pública) llegara a tener un modo común de sentir y pensar (sentido común), era necesario adueñarse de organismos e instituciones en donde se desarrollan los valores y parámetros culturales: los medios de comunicación, Universidades, escuelas, enseñanza secundaria y las artes. Hacia allí había que apuntar. Con paciencia, con el paso del tiempo, educando a las nuevas generaciones desde su niñez. (Ej: la China de Mao; la Cuba de Castro).

Después de cumplido este proceso a lo largo de los años, la consecución del poder político caería por su propio peso, sin revoluciones armadas, sin resistencias ni contrarrevoluciones, sin necesidad de imponer el Nuevo Orden por la fuerza, ya que el mismo tendría consenso general.

 

Obstáculos a superar para el éxito del proceso

El mismo Gramsci señaló que, para que el proceso fuera exitoso, habría que sortear 2 obstáculos:

La iglesia católica y la familia.

¿Por qué la iglesia católica? Porque Gramsci pensaba que la razón de la permanencia de la Iglesia a través de los siglos se apoyaba en los tres puntales siguientes:

a) La profesión de una fe firme e inquebrantable, sin concesiones, y la constante repetición de los mismos contenidos doctrinales. De este modo pudo lograr un fuerte sentido común (modo de pensar) en el pueblo a través de los siglos.

b) Haber logrado amalgamar en su seno tanto al pueblo analfabeto, a la clase media y a la élite intelectual propia. En efecto, ninguna filosofía inmanentista, incluyendo el marxismo, había acertado a unir en un mismo sentido común o creencia, a los intelectuales y al pueblo, a los doctrinarios y los practicantes, a los expertos y los neófitos (o “iniciados”). Gramsci, en eso, envidiaba a la Iglesia.

c) Por último, mientras el marxismo exigía al hombre luchar para el logro de una sociedad sin clases en el aquí y ahora, porque con la muerte terminaba todo, la Iglesia había logrado convencer al hombre hacia la trascendencia, al más allá, y con ello no solamente había dado un respuesta al sentido de la vida sino también al sentido de la muerte.

¿Por qué la familia? Está claro que si la estrategia consistía en la formación de un modo de pensar a través de la educación en los nuevos valores revolucionarios, la familia, primera educadora del hombre desde su nacimiento y durante los primeros y cruciales 5 años de vida, era un estorbo intolerable.

 

Estrategia para superar éstos obstáculos según Gramsci

a) Desprestigiar a la Iglesia, en lo posible con la descalificación de su doctrina (“la religión es el opio de los pueblos”) y de sus miembros jerárquicos (clero y vida consagrada).

b) Destruir la familia, presentándola como una institución del pasado, ya superada, incapaz de educar. Retirando a los niños desde su más temprana edad de la influencia de sus padres, mediante la educación masiva en la “nueva cultura”. (Experiencia de las granjas colectivas o educación a distancia.). O interviniendo en la educación de los aspectos fundamentales de su vida, desde la escuela y sin la participación de los padres. Procurando que, por ausencias de los padres ante compromisos laborales ineludibles, los niños queden bajo la influencia de la educación de los contravalores a través de la radio, televisión y medios de comunicación masivos.

Y finalmente…

Parecería que vivimos en un mundo diseñado por Gramsci: se han invertido las valoraciones morales y políticas, se busca desjerarquizar todo lo valioso, se exalta todo lo que sea o implique “horizontalismo”, se “desconstruye” el sano pensamiento filosófico, de forma tal que queda “pulverizado” en una multitud de nuevas ideologías y “filosofías” cuyo sólo empeño es “desmitificar”, “secularizar”, “desacralizar”.

Seguramente se complacería -y mucho- Gramsci al ver en pleno proceso de realización (actualización, diría Gentile) algo que alguna vez “profetizó”: el fin de la religión tendría que ocurrir por “suicidio”, al diluirse los límites de la Cristiandad con respecto al mundo moderno. Mientras unos sueñan con que lo que está acaeciendo es una “cristianización del mundo”, lo que en realidad se está dando es justamente lo contrario: segmentos considerables de “cristianos” se mundanizan, adoptando los parámetros y criterios propios de una mentalidad totalmente inserta en una cosmovisión intramundana y secularista. Aunque no siempre se niega explícitamente, viven como si el mundo trascendente no existiera, como si todo empezara y terminara “aquí abajo”, teniendo una inexplicable dicotomía filosófica.

El programa era y es bien claro: “lograr el desprestigio de la clase hegemónica, de la Iglesia, del ejército, de los intelectuales, de los profesores, etc. Habrá incluso que……enarbolar las banderas de las libertades burguesas, de la democracia, como brechas para penetrar en la sociedad civil. Habrá que presentarse maquiavélicamente como defensor de esas libertades democráticas, pero sabiendo muy bien que se las considera tan solo como un instrumento para la marxistización general del sentido común del pueblo”.

Otro lamentable hecho fácilmente constatable en diversos ambientes culturales de Occidente, sobre todo del latino y latinoamericano, es lo que se ha dado en llamar la “traición de los intelectuales”. Esto se ha ido logrando por diferentes vías, ya sea mediante favores, concesión de prebendas, canonjías y halagos de todo tipo, o bien, mediante la táctica opuesta, que es la seguida con los intelectuales y profesores que no se doblegan ante estas formas de captación; para ellos están la presión, el chantaje, la amenaza y el boicot cuando no de plano, el desprestigio, la calumnia y la difamación.

Y es que en la estrategia gramscista el quebrantar de un modo u otro al intelectual opositor es fundamental: oigamos al teólogo padre Sáenz: “Gramsci considera que se ha ganado una gran batalla cuando se logra la defección de un intelectual, cuando se conquista a un teólogo traidor, un militar traidor, un profesor traidor, traidor a su cosmovisión . . . No será necesario que estos “convertidos” se declaren marxistas; lo importante es que ya no son enemigos, son potables” para la nueva cosmovisión. De ahí la importancia de ganarse a los intelectuales tradicionales, a los que, aparentemente colocados por encima de la política, influyen decisivamente en la propagación de las ideas, ya que cada intelectual (profesor, periodista o sacerdote) arrastra tras de sí a un número considerable de prosélitos.

El que en la mentalidad predominante de nuestros días prevalezca a nivel popular el “da igual cualquier religión”, “todo es según como tú lo veas”, “haz lo que quieras con tal de que seas auténtico”, “ahora ya todo está permitido”, y a nivel filosófico el “no hay naturaleza (humana) sino historia”, “yo me doy mi propia esencia”, “no hay ser, sino tan sólo devenir, o incluso, devenires”, “no hay verdad, todo se reduce a multiplicidad(es)”, “no hay escritor, sólo texto”, “no hay sujeto, sino estructuras epistémicas”, y otras estupideces por el estilo (el catálogo es inagotable), quiere decir que un gramscismo camuflado, en invisible alianza (deliberada o no) con el movimiento New Age y otras inefables adherencias, se sigue imponiendo en toda la línea, más allá de las cada vez más escasas menciones públicas de este autor italiano, tanto por parte de quienes lo apoyan como por parte de sus enemigos.

Como hemos visto, el “gramscismo” representa el más agresivo, cáustico y disolvente ataque contra toda forma de religión trascendente, y en particular contra el catolicismo; también lo es contra todo tipo de LIBERTAD. La Libertad y el Libre Albedrío son los enemigos más feroces del comunismo y del nazismo, ambas ideologías son el mismo perro con el mismo collar pero de diferente color. Mucha de la descristianización actual obedece en buena parte a la acción destructiva y semioculta de los “intelectuales orgánicos” a la Gramsci, estratégicamente situados, cuya acción se encuentra encaminada a la “mutación del sentido común” teísta a fin de que devenga su opuesto.

Ello implica su proyecto de “descomposición interna del catolicismo”, de “hacer saltar la Iglesia desde dentro” y de liquidar totalmente el “antiguo concepto del mundo”, ínsito en la cultura cristiano-católica y judeo-cristiana.

Finalmente, hay que señalar que pocas cosas contribuyen tanto al avance del secularismo anarquista como la defección de teólogos, profesores, pensadores, periodistas o escritores. Por lo cual habrá que pensar en congruencia con los principios que se dice profesar pero, no menos importante, también habrá que llevar una vida coherente que no desvincule e incomunique las distintas dimensiones de la vida humana.

“Quien no vive como piensa, acabará pensando como vive”.

 

Alvaro Kröger – http://www.labotellaalmar.com.ar/vercorreo_lector.php?id=2268

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