Foro ISFD Fátima

¿Quién secuestró a los maestros? (de cuando los niños aprendían en la escuela)

 

I. LA ALARMA DE COCINA YA NO FUNCIONA

– ¡Tienen veinte minutos para hacer la tarea! – solía decir yo a mis hijos, cada tarde al terminar de comer, mientras daba cuerda al reloj de cocina y lo ponía sobre la mesa, haciendo sonar su familiar “TIC-TAC, TIC-TAC, TIC-TAC”, que terminaba con una sonora alarma a los veinte minutos exactos. El “RIIIIIIIIING” de la alarma señalaba el momento para cerrar los libros obligatoriamente y guardarlos en las mochilas, teniendo toda la tarde libre para convivir, jugar, entretenernos y divertirnos en familia.

La táctica de la alarma de cocina me funcionó perfectamente durante toda la educación preescolar, primaria y secundaria de mis tres hijos mayores (ahora de 25, 23 y 21 años). De hecho, en ese entonces, mis hijos terminaban la tarea mucho antes de que la alarma sonara. También me funcionó durante la educación preescolar y gran parte de la primaria de mis tres hijos intermedios (ahora de 18, 15 y 13 ). Pero dejó de funcionar (no la alarma, sino la táctica) de manera misteriosa, inmediata, inesperada y sorprendente, cuando mis tres hijos pequeños (de 10, 9 y 6) llegaron a la edad de hacer tareas.

Desde entonces… el tiempo para hacer las tareas cada tarde se vuelve interminable, tedioso y agotador para ellos y para mí . Los niños completan los deberes ya muy entrado el anochecer, quedándoles únicamente el tiempo suficiente para ducharse, cenar, rezar e irse a dormir. Ya no existe en nuestras tardes tiempo para los juegos, la convivencia, ni el entretenimiento en familia.

¿Qué sucedió?
¿Los cambié de colegio? No, el colegio ha sido el mismo para el primero y para el último de mis hijos.
¿Son más, las tareas que ahora les dejan? No, todo lo contrario, ahora les dejan mucho menos tareas que las que les dejaban antes.
¿Son más difíciles las tareas que ahora les dejan? ¡Para nada! El nivel de enseñanza ha decrecido de manera visible. Las tareas que ahora le dejan al de cuarto de primaria (que es el séptimo de mis hijos) son equivalentes (en contenido y grado de dificultad) a las que les dejaban a los niños en Preprimaria hace unos cuantos años.
¿Será, entonces, que mis hijos pequeños son menos listos que sus hermanos mayores? ¡Tampoco! Gracias a Dios todos mis hijos gozan de una muy buena inteligencia que los hace capaces de entender y aplicar los conceptos fácilmente.

Entonces…??? ¿Qué sucedió? ¿Por qué antes me funcionaba la alarma de cocina y ahora ya no me funciona?

La respuesta es bien sencilla: Hasta hace unos cuantos años los niños aprendían en la escuela y los deberes para la tarde eran sólo practicar y repasar lo que ya habían aprendido en clase.
Ahora… los niños no aprenden en la escuela y por lo tanto no saben cómo resolver sus tareas. Las mamás nos vemos obligadas a explicar y enseñar, por las tardes, todo aquello que debieron explicarles y enseñarles las maestras por la mañana.

A mí me gusta enseñar. Gozo verdaderamente enseñando e ideando nuevas modalidades y técnicas para que los niños comprendan los conceptos y los apliquen. No se me dificulta enseñar y es para mí hermoso (verdaderamente hermoso y gratificante) contemplar la transformación de un cerebro infantil y la alegría profunda que produce en el niño aprender algo nuevo.

Pero no puedo negar, para satisfacción de todos los que se escandalizan de nosotros por haber optado por una familia numerosa, que para mí ha resultado extraordinariamente complicado estar enseñando (al mismo tiempo) al pequeño, a leer y sumar; al otro, a restar y escribir; al siguiente, las tablas de multiplicar y los estados de la república; al más grandecito, la suma de fracciones y las partes del aparato digestivo y a la otra, los principios de álgebra. Todo a la vez, sobre la misma mesa y durante el horario reducido de las tardes.

Si yo hubiera escogido ser homeschooler… mis hijos y yo estaríamos todas las mañanas en casa, con el tiempo, los ánimos, los espacios y los materiales necesarios y suficientes para tener una escuela en casa.

Pero no opté por eso. Mi esposo y yo seleccionamos el tipo de educación que queríamos para nuestros hijos y decidimos inscribirlos en uno de los mejores colegios católicos del país, para que ahí, además de la formación religiosa que consideramos lo más importante, tuvieran maestros competentes y cualificados, que les transmitieran los conocimientos adecuados a cada edad, dentro de un programa escolarizado y exigente.

El hecho es que ahora mis hijos van al colegio por las mañanas y, como no aprenden lo que deben aprender (porque nadie se los enseña), en las tardes nos hemos visto obligados a ser homeschoolers. Es agotador… 
de verdad… para los niños y para mí. Y los resultados son muy pobres, pues no se puede enseñar en dos horas lo que se debió enseñar en seis.

Lo más triste del asunto es que… después de mucho buscar e investigar por una posible mejor opción para mis hijos, he podido comprobar, con una profunda sensación de impotencia, que el deterioro sostenido, progresivo e imparable en los resultados de la enseñanza dentro de las escuelas, se está dando no sólo en la escuela de mis hijos, sino en todas las escuelas… católicas, laicas, privadas y gubernamentales, y no sólo en México, sino a nivel internacionalEl nivel académico está bajando año con año… los niños aprenden cada vez menos cosas en la escuela y las pocas cosas que aprenden, las aprenden mucho peor.


II. TRES INFLUENCIAS MORTÍFERAS PARA LA EDUCACIÓN: LOS CONTADORES, LOS PSICÓLOGOS Y LOS PEDAGOGOS

Hace veinte años estos personajes no existían en las escuelas (al menos en mi escuela) y las cosas iban bastante mejor que ahora. Por lo menos, los niños aprendían lo que debían aprender y terminaban la tarea en menos de veinte minutos.

Coincidiendo con la llegada de estas personas (contadores, psicólogos y pedagogos), el aprendizaje empezó a declinar, así que… supongo que algo tendrán que ver en el asunto.

LOS CONTADORES

Analicemos primero a los CONTADORES… ¿cómo ha sido su colaboración para destruir la excelencia educativa que antaño buscaban muchas instituciones, entre las que estaba el colegio de mis niños y muchos otros colegios católicos?

Con el término “contadores” no me refiero a los profesionistas que estudiaron Contaduría en la Universidad y que llevan los estados financieros en las empresas. No, no me refiero a ellos. Me refiero a otro tipo de “contadores”, esos siniestros personajes que se dedican a contar las cosas, cualquier cosa: dinero, alumnos, escuelas, canchas de fútbol, computadoras… lo que sea… y concluyen invariablemente, con sus cuentas, que siempre es mejor el que tiene más (de lo que sea).

La influencia de los contadores fue terrible, pues… haciendo sus números… convencieron a los grandes educadores de que, para demostrarle al mundo que ellos eran “los mejores educadores” tenían que tener más escuelas, con más alumnos, más canchas de fútbol, más computadoras y, por supuesto, más utilidades financieras (números grandes en todo).

Nuestros queridos y sabios educadores católicos, sacerdotes y religiosas pertenecientes a afamadas congregaciones con una tradición educativa de siglos, se dejaron persuadir… ilusionados en un principio con llevar a más y más almas al contacto con la fe católica a través de sus muchos colegios. Después la persuasión creció más… al ver también los grandes números financieros que les acarrearía la multiplicación de sus locales educativos por todo lo largo y ancho del mundo.

¿Qué sucedió? Lo que tenía que suceder: empezaron a abrir colegios como si de franquicias de McDonald’s se tratara. El problema, claro, fue que no es lo mismo aprender a hacer hamburguesas que aprender a educar a un niño.

Es humanamente imposible que 200 sacerdotes (por más sabios y santos que sean) puedan supervisar y controlar lo que sucede en 8000 colegios y 50 universidades.

Pero… orgullosos y embelesados con los grandes números (que podemos ver publicados en todos sus folletos) muy pronto dejaron que prevaleciera la cantidad sobre la calidad. Olvidaron su carisma educativo que decía que sus escuelas fueron fundadas para formar niños sabios y santos, verdaderos hombres cristianos, amantes del saber, buscadores de la verdad, capaces de transformar la cultura, pues… al tener que contratar maestros de todo tipo, sin mayor selección, para poder “medio-atender” a los cientos de miles de alumnos, muy pronto limitaron su acción educadora a cumplir con el mínimo requerido por las leyes educativas de cada país y en “sacar horneadas de alumnos” cada año, que supieran más o menos lo indispensable para sobrevivir en la Universidad.

Y digo “más o menos”, porque ni siquiera eso se está consiguiendo. Las Universidades, al estar recibiendo alumnos pésimamente preparados, han tenido que inventarse una materia “cero”, en la que les intentan enseñar a los alumnos las bases matemáticas indispensables que debieron aprender en primero de secundaria.

La escuela católica, gracias a los “contadores”, ya no se preocupa de cumplir con su misión de formar hombres con sed por conocer la Verdad y alcanzar la Sabiduría. Se ha convertido en una fábrica de niños “capacitados” y “competentes” para insertarse en una sociedad pragmática en la cual se busca el éxito fácil y sobre todo el utilitarismo económico.

El ideal de la escuela católica para sus egresados, ya no es el caballero cristiano, honrado, trabajador, estudioso, sabio y santo, sino simplemente un homo faber, industrioso, productivo, eficiente y consumidor.

Pero la labor de los contadores no sólo quedó en contar el numero de escuelas y canchas de futbol, sino que también decidieron contar, en cada escuela, el número de “placas de bronce” que tenían colgadas en el muro de entrada al plantel. Me refiero a las múltiples certificaciones nacionales e internacionales que están de moda y que debe tener (según el criterio de los contadores) cualquier escuela de prestigio. Con la inclusión de las escuelas en las certificaciones, se les obligó a asumir un modelo educativo “moderno” que tiene un bajísimo nivel académico. Más adelante hablaré de él.

Señores contadores: con sus conteos y sus folletos publicitarios llenos de grandes números y elegantes certificaciones, han deformado los verdaderos objetivos de la educación. Si mis hijos no saben ahora cómo resolver sus tareas, en muy buena parte se los debo a ustedes.

LOS PSICÓLOGOS

Pasemos a los segundos implicados, terribles y dañinos implicados en el deterioro escolar: LOS PSICÓLOGOS

¿Qué tienen que ver los psicólogos con el deterioro de la enseñanza? Mucho.

En primer lugar, no sé bien porqué los metieron en las escuelas. Hacían mucho menos daño antes, cuando estaban fuera, en sus consultorios, encargados solamente de los exámenes de admisión (que me parecen muy bien) en la época de inscripciones. Y sólo les llegaban, en medio del año, los casos de alumnos problema. Cuando así era, le hacían daño sólo a los alumnos problema, que ya eran de por sí un problema, así que su labor no hacía mayor mella en la institución educativa.

Pero ahora… la moda dicta que hay que tener un psicólogo de planta en la escuela. Y los pobres psicólogos, para justificar su puesto y su sueldo, se sienten comprometidos a encontrar un niño problema en cada uno de los alumnos.

Si ven a un niño tímido… seguramente fue un niño no deseado por su madre en el embarazo.
Si ven a un niño violento… seguramente es porque su padre es alcohólico y abusa de él.
Si ven a un niño flojo… con toda seguridad es que su madre no le presta atención.
Si ven a un niño soñador y pensativo… seguro tiene ADHD… hay que medicarlo.
Si ven a un niño inquieto y activo… quiere llamar la atención de sus compañeros
Si ven a un niño solitario… es porque se siente rechazado.
Si ven a un niño que obtiene puro sobresaliente… seguro es porque lo presionan demasiado en su casa.
Si el niño reprueba varias asignaturas, es porque está pasando por un momento de tensión familiar.
Si no sabe escribir, tiene dislexia. Si hace los números al revés, dislalia y si no sabe sumar, tiene discalculia. Si no quiere correr, seguro tiene distrofia.
Si come rápido su almuerzo a la hora del recreo, es porque sufre de ansiedad. Si no se lo come… seguro tiene anorexia.

De esa manera, todos los alumnos (absolutamente todos) necesitan tratamientos y terapias
, que le aseguran al psicólogo su puesto, su sueldo y además un futuro lleno de bonanza por las terapias extra escolares que imparte… por periodos interminables… a los niños y, por supuesto, a los familiares de los niños.

Ahí está el problema con los psicólogos: ven como enfermedades los defectos, errores y pecados y con eso quitan toda la responsabilidad al alumno. Los maestros ya no pueden regañarlos, llamarles la atención o castigarlos, pues eso sería tan ridículo como castigar a alguien porque le dio varicela.

El resultado de la invasión de psicólogos en las escuelas… niños ingobernables, violencia en las aulas, faltas de respeto a la autoridad… pues está prohibido prohibir, está prohibido regañar… está prohibido castigar… ya que todos los niños están psicológicamente enfermos.

Escojan la teoría psicológica que más les guste: Freud, Jung, Adler, Fromm o el mismo Frankl… el que quieran. No hay una sola corriente psicológica que contemple al hombre como lo que es: un ser creado por Dios, dotado de cuerpo y alma, con una naturaleza herida por el pecado, que habiendo sido redimido por Cristo, está llamado a alcanzar la vida eterna con la ayuda de la gracia.

Todas las corrientes psicológicas contemplan sólo al hombre terrestre (en sentido horizontal) y pretenden sólo guiarlo a una felicidad terrena, olvidando la eternidad. Con eso yerran absolutamente el camino, pues eliminan de sus terapias el valor del sufrimiento, del esfuerzo, de la entrega, del olvido de sí mismo y encaminan a sus pacientes por un camino de egoísmo… en el cual los obligan a mirarse sólo a sí mismos y a su bienestar temporal . Un camino que va exactamente en sentido contrario al que nos ha enseñado Jesucristo para alcanzar la felicidad eterna: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”

El psicólogo trata de quitarle todas las cruces al niño y lo hace pensar primero en sí mismo y sólo en sí mismo. Olvidándose de Dios,
 pretenden tomar su lugar. Es imposible que puedan orientar al alma

humana

yendo en contra de las recomendaciones de su Creador.

Pero bueno… el asunto es que los psicólogos llegaron a las escuelas y parece ser que llegaron para quedarse, así que no nos queda otro remedio a las mamás, más que enseñar a nuestros hijos la responsabilidad de sus actos, de sus logros y yerros, y conseguir que nos crean, aunque en la escuela les digan constantemente que no son ellos los responsables, sino “el ambiente tan difícil que les ha tocado vivir”.

LOS PEDAGOGOS

Pasemos al tercer grupo enemigo de la educación católica, el más nocivo de todos: Los PEDAGOGOS.

¿Por qué son tan malos?

En primer lugar, porque para que tenga razón de existir un pedagogo, forzosamente debe existir un mal maestro. Para justificar su existencia, no les ha quedado otro remedio más que pregonar a los cuatro vientos que todos los maestros son malos, que ningún maestro sabe enseñar, que los maestros son seres obtusos, impositivos y pasados de moda.

Su extensa labor de desacreditación del magisterio y de todas las técnicas tradicionales de enseñanza ha surtido efecto (un efecto abrumador) y han terminado desterrando de las aulas a los mejores maestros, ésos que sí enseñaban a los alumnos y han ocupado sus puestos, conociendo mucho del “desarrollo evolutivo del niño” y sin saber nada, absolutamente nada, de las materias que deben enseñar.

Con los maestros “obtusos, tradicionales, impositivos y pasados de moda”, mis hijos (los seis mayores) aprendieron a contar a los tres años; a leer y escribir a los cuatro; a sumar y restar a los cinco; y a deletrear palabras complejas en inglés, a los seis. Además, claro, de saber, desde los tres años, los días de la semana, los meses del año, las estaciones, las partes del cuerpo, la lectura de las manecillas del reloj y las principales figuras geométricas.

El paso a la Primaria era sencillísimo, pues los niños llevaban ya tres largos años de haber dominado la lectura y estaban plenamente capacitados para poder leer, comprender y asimilar pequeñas historias que narraban la forma de vida del hombre prehistórico, la vida de los animales y las plantas, las divisiones del reino animal y vegetal, las partes del cuerpo humano, las señales de tránsito, las reglas de urbanidad y… muchas cosas más, que aparecían en esos “arcaicos” planes de estudio.

Llevando ya dos años de haber aprendido a sumar y restar, los niños en primero de primaria, antes de cumplir los siete años, eran capaces de hacer largos y rápidos cálculos mentales, de diez o quince operaciones en serie y se encontraban capacitados para aprender los fundamentos de la multiplicación.

Con la llegada de los pedagogos y sus “modernas” técnicas de enseñanza, basadas en el “desarrollo evolutivo del niño”… mi hijo de diez años (cuarto de primaria) apenas está empezando a dominar las tablas de multiplicar, lee trastabillando, sin puntuación ni entonación alguna; escribe con una letra terrible, sin respetar márgenes ni renglones y sin poner mayúsculas, acentos ni puntos. Por supuesto, tiene una noción bastante borrosa de cómo vivía el hombre primitivo y no tiene ni la mas remota idea de las divisiones del reino animal y vegetal (al parecer, los pedagogos eliminaron esos temas “difíciles” en los nuevos programas educativos). Lo más triste del asunto es que mi niño tiene muy buenas calificaciones… ¿cómo es esto posible? ¿en qué piensa la maestra cuando imprime en el cuaderno de mi hijo un sello de tinta que dice “¡ERES UN CAMPEÓN!” sobre una plana plagada de tachones y faltas de ortografía?


Es totalmente frustrante esa falta de exigencia en la forma de calificar, pues nos quitan todas las armas a los padres que queremos que nuestro hijo haga las cosas bien hechas.

Me ha sucedido cientos de veces que les he dicho:

– Vuelve a hacerlo. Si entregas eso tan mal hecho te van a poner un Cero grande y redondo!
– No… ma’ … ¿cómo crees? ¡La maestra no se fija en eso!

Y… tristemente siempre han tenido razón. Al día siguiente llegan con su sello de “¡MUY BIEN HECHO!” sobre la tarea a la que yo le hubiera puesto cero y hubiera obligado a repetir.

Más adelante hablaré de los nefastos “sistemas modernos de evaluación”. Ahora no me detendré en ellos.

LA PEDAGOGÍA NO TIENE LA CULPA

Aquí, la culpable del deterioro en la enseñanza no es la Pedagogía en sí (por lo que realmente es), sino los que se han autonombrado “pedagogos” por haber estudiado, durante cuatro años, las teorías de algunos que se adueñaron de la palabra “pedagogía”.

La Pedagogía, como tal, no es nada moderno.
Existe… exactamente desde que el mundo es mundo. Dios mismo, el Creador de todo el Universo, es un magnífico pedagogo y lo podemos ver en las etapas que fue siguiendo en la Revelación. Jesucristo fue un magnífico pedagogo, por eso nos enseñaba en parábolas. San Pablo, otro pedagogo extraordinario… sabía que existen almas que pueden asimilar filetes y otras a las que hay que darles papillas. San Benito y su Regla, absolutamente pedagógica; San Juan Ma. Vianney… todas sus homilías son 100% pedagógicas; San Juan Bosco, San Alberto Hurtado, San Marcelino Champagnat, San Juan Bautista de La Salle… todos ellos sabían de Pedagogía, aplicaban la Pedagogía, sin haber leído jamás (gracias a Dios) ni a Piaget, ni a Dewey, ni a Sneill, ni a Marcuse, ni a ningún otro de la misma tribu.

En 1997 tuve que estudiar, siendo actuario matemático de profesión, un curso de posgrado en Pedagogía. Recuerdo que en cada clase me asombraba de la cantidad de terminajos extraños que usaban los pedagogos para nombrar las cosas más sencillas: “constructo”, “taxonomía”, “proceso metacognitivo” y otras cosas por el estilo… un lenguaje claramente complicado y antipedagógico.

Mientras tomaba mis clases, tratando de asimilar y recordar esos terminajos tan extraños, llegué a la conclusión de que ese lenguaje tan rebuscado lo utilizaban los pedagogos sólo para justificar un poco la existencia de su carrera, pues… después de largas explicaciones de los constructos, taxonomías, contenidos actitudinales y currículums estandarizados… llegaban a conclusiones demasiado obvias, a las que puede llegar cualquiera que no haya estudiado absolutamente nada: tales como que hay que planear, poner un objetivo concreto a la clase, dar el contenido, hacer ejercicios y luego evaluar.
Vamos… ¡que eso se ha hecho siempre en las escuelas! Y no necesitaba ningún maestro haber leído a Bloom ni a Gagné.

En aquél entonces (hace 13 años), yo tenía hijos de 6 meses, de 2 años, de cuatro, de siete, de once… y varios más.

Aún recuerdo el asombro que sentí al leer “el desarrollo evolutivo del niño” según Piaget.
Enterándome que el Sr. Piaget sacó sus conclusiones habiendo observado a sus propios hijos, no me quedó la menor duda de que los hijos de Piaget tenían un serio retraso mental. Los niños normales son capaces de hacer las cosas y entender los conceptos muchísimo antes (3 o 4 años antes) de lo que dicen las teorías de Piaget.

Lo comenté con mis maestros… explicándoles que yo veía diariamente con mis niños una evolución de la inteligencia y de las capacidades cognitivas mucho más avanzada en cada edad de lo que afirmaba Piaget. Como estábamos en el curso muchos Directores de escuela, les supliqué que no basaran los programas de estudio de los colegios en las conclusiones piagetianas pues iban a desperdiciar las capacidades del niño, pero… no conseguí convencerlos.

Una compañera del curso comentó en voz alta:

– Tus hijos, Lucrecia, tampoco pueden servir como parámetro, pues son demasiado listos.

Mmmmhh… eso es falso. Mis hijos son listos, muy listos, pero no “demasiado” listos. ¿existe, acaso, algún niño que sea “demasiado” listo? Sin embargo, ese comentario bastó para que cualquier aportación posterior de mi parte en el curso, perdiera toda autoridad y credibilidad.

En fin… las conclusiones pedagógicas de Piaget (que no era pedagogo, sino psicólogo) se aplicaron en los “modernos programas educativos” y claro… ahora tenemos niños que salen de la Primaria mal sabiendo leer y apenas sabiendo escribir y contar…

Se les trata como idiotas desde pequeños (gracias a Piaget y a otros que están detrás de él), no se les enseña nada que signifique un reto para ellos, se aburren y… como consecuencia directa, pierden el interés por aprender. Una hermosa obra la de los pedagogos… para destruir la educación en las escuelas.

DE PEDAGOGOS, PEDAGOGOS Y PEDAGOGOS

El problema no se queda en las teorías mal llamadas “pedagógicas” que se han aplicado a los programas escolares. El problema de fondo también está en quiénes son los cerebros que están aplicando estas teorías en las escuelas.

Para visualizar la magnitud del problema, debemos distinguir tres clases de pedagogos:

La primera son los pedagogos de verdad
, los maestros ejemplares que ya hemos nombrado antes: San Juan Bosco, San Alberto Hurtado, San Marcelino Champagnat, San Juan B. de La Salle y muchos más, expertos en pedagogía desde hace varios siglos.

La segunda clase la componen los “pedagogos” que son los creadores intelectuales de todo este mamotreto con fondo marxista de lenguaje rebuscado y que pretenden adueñarse de las mentes de los niños para sus fines políticos y económicos.

El tercer grupo son los jóvenes que, inocentemente, han estudiado pedagogía en la Universidad, sin tener idea de qué es lo que realmente están estudiando. Ellos también significan un severísimo problema.

¿Quién es el que entra a la Universidad a estudiar la carrera de Pedagogía?
¿El alumno más brillante de la clase? ¿El alumno que ama las Matemáticas, la Física, la Química y todo el conocimiento científico? ¿El alumno que ama la lectura, el estudio, la cultura, el lenguaje, la música, las artes y la historia?

No, tristemente no. Los alumnos más destacados intelectualmente, los amantes del estudio y del esfuerzo, eligen por lo general otras carreras: Matemáticas, Ingeniería, Química, Biología, Economía, Filosofía o Medicina (y algunas más, de corte científico o humanista que hoy se llaman con nombres diversos)

Tampoco son los más creativos los que estudian Pedagogía, pues ésos optan por Comunicación, Diseño o Arquitectura.

El alumno “tipo” que opta por la carrera de Pedagogía 
(no niego que pueden existir honrosas excepciones) es el alumno “buena gente” que desde pequeño decidió que no le gustaban las matemáticas, que nunca las entendió ni les encontró aplicación alguna; es el alumno que jamás le halló mucho sentido a la gramática ni a la ortografía, para quien el estudio de la Historia le parecía algo aburrido; es el alumno que nunca adquirió gran gusto por la lectura, al que no le gustaba demasiado estudiar y mucho menos memorizar. Es el alumno que siempre justificó sus malas notas diciendo “Es que el maestro no sabe enseñar”.

En los años de 1984-1985 me pidieron que impartiera la cátedra de Estadística a los alumnos de 5º semestre de Pedagogía en una Universidad, carrera que en ese entonces, se llamaba “Ciencias de la Educación”. Mis alumnos eran tres chicos religiosos consagrados (no sacerdotes) y 19 chicas. Los chicos eran bastante dóciles, no es que mostraran demasiado interés por la materia, pero al menos tomaban apuntes y cumplían con sus deberes. Estaban ahí por obediencia a sus superiores, que los querían preparar para dirigir alguna escuela en el futuro. Las chicas… no dejaban de quejarse continuamente, haciendo imposible la enseñanza:
– ¿Para que nos va a servir esto?
– ¡No entiendo la fórmula! ¡Está muy difícil!
– ¿Por qué nos exiges tanto si no nos gustan las matemáticas?
– ¡No nos dejes tarea, tenemos una fiesta!
– ¿Me lo explicas otra vez… con manzanitas?
– ¿Podemos sacar el formulario?
Los contenidos “tan difíciles” que yo intentaba enseñarles, eran solamente el cálculo de la 

media

, la moda y la varianza, pero… como estaban profundamente convencidas de que “odiaban las matemáticas” y “odiaban el estudio y la memorización”, al igual que “odiaban las tareas” fue un curso poco fructífero. Tres de ellas reprobaron el examen final y luego convencieron a la directora de la carrera que las aprobara (sin mi consentimiento) “porque no era una materia tan importante para sus intereses pedagógicos”.
Salí despavorida de esa escuela

Ahora… estos alumnos mediocres que seleccionaron la carrera de Pedagogía justamente porque odiaban las matemáticas, la lectura, el estudio y la memorización, tienen en sus manos el mundo de la educación. Un panorama que da terror, por supuesto.

III. ¿EN QUÉ CONSISTE EL NUEVO SISTEMA EDUCATIVO?

El “nuevo” sistema educativo (que no es tan nuevo… pues fue ideado a finales del siglo XIX y principios del XX) ha tomado ideas de varias corrientes, principalmente del Constructivismo, que enseña que el niño debe conocer la verdad por sí mismo y que el maestro no debe imponer sus ideas sino que sólo debe ser un mediador entre el saber y el niño.

Utilizan en su mercadotecnia algunos slogans, sobre los que luego volveré y que ahora enlisto someramente:
– Un sistema basado en el desarrollo de competencias
– El maestro es sólo un guía y no un dictador
– No hay exámenes ni calificaciones
– Las evaluaciones son colegiadas
– El niño descubre el saber por sí mismo
– Aprende a aprender en ambientes acogedores y estimulantes
– Un currículum estandarizado y certificado a nivel internacional
– El aprendizaje no se confunde con la memorización

No me entretendré demasiado en esto, pues cualquiera puede conocer en qué consiste el nuevo sistema dando un click en las páginas publicitarias de los colegios (de casi cualquier colegio en el mundo), en donde diga “Sistema basado en el desarrollo de competencias”

Por ahora, sólo haré hincapié en los principales slogans que han usado los modernos pedagogos para infiltrar su ideología (que, como veremos más adelante, procede del marxismo y la masonería) en las escuelas católicas y en el mundo de la educación en general.

III. LOS FALACES SLOGANS DEL NUEVO SISTEMA EDUCATIVO

Estos slogans tienen como único objetivo desacreditar a los buenos maestros y a la educación formal y tradicional, de acuerdo con la estrategia sugerida por Gramsci,
 que más adelante veremos con detalle, para adueñarse del mundo de las ideas

Les presento algunos de ellos:

“Nuestro modelo educativo elimina el aprendizaje mecánico y repetitivo que identifica el saber con la memorización”

No entiendo qué tienen los pedagogos en contra de la memoria. La memoria es una facultad de la inteligencia, junto con la razón y la imaginación. Y la inteligencia, junto con la voluntad y la libertad, son las facultades que nos hacen diferentes a los animales.

Creo que es muy bueno desarrollar la memoria. No encuentro cuál es el error que ellos ven en hacer memorizar al niño las tablas de multiplicar, las capitales de los estados, la localización de los países, un poema, un cuento, una canción, una partitura de piano… los hechos históricos más relevantes para que entiendan la cultura en la que vivimos y mil cosas más. No encuentro nada de malo en desarrollar la memoria del niño. Al revés, lo encuentro extraordinariamente bueno e indispensable. Los grandes sabios de la historia poseían una extraordinaria memoria. Cualquier persona que se precie de ser culta, no lo es por lo mucho que ha leído, sino por lo mucho que ha podido retener en su memoria de aquello que ha leído. ¿Por qué los pedagogos insisten en anunciar que ya no harán memorizar al niño? ¿Es que quieren suprimir en ellos esa facultad de la inteligencia y hacerlos más semejantes a los animales?

Supongo que ellos quieren que mi hijo cuente bolitas y palitos cada vez que necesite multiplicar 3 X 4 (para que él mismo descubra el resultado). Yo creo que eso le dificultaría mucho la vida. Lo más eficaz es que mi hijo sepa de memoria (sí, de memoria) que 3 X 4 es 12 y que 7 X 8 es 56. De esta manera podrá emplear su tiempo en cosas mucho más productivas e interesantes.

“Nuestro modelo educativo elimina la transmisión directa de contenidos inconexos”

¿Perdón? ¿Me podrían decir cuándo la educación tradicional transmitió “contenidos inconexos”? Todo lo contrario. La educación tradicional siempre ha montado los nuevos conocimientos sobre conocimientos anteriores. Por eso se enseña primero a contar, luego a sumar, luego a restar y así sucesivamente… hasta llegar al cálculo diferencial e integral en el último año de bachillerato, habiendo ya pasado por el Álgebra y la Trigonometría. Jamás, en ninguna escuela (hasta antes de la invasión laicista y pedagógica) se habían transmitido contenidos inconexos. Ahora sí que se hace, con los nuevos sistemas educativos, pues el niño aprueba sin aprender y al no haber aprendido las bases anteriores, lo nuevo se le presenta como “contenido inconexo”.

Por otra parte… ¿qué tiene de malo lo transmisivo?. Las escuelas, institutos y universidades son precisamente eso: centros de transmisión del saber. Con la enseñanza transmisiva, las nuevas generaciones pueden aprovechar el saber acumulado de las anteriores.

Si se abandona el método transmisivo en las escuelas y mis hijos se ven obligados a descubrir todo por ellos mismos… ¡estamos perdidos!

Mi hija jamás descubrirá por sí misma cómo se hace el exquisito flan de la abuela, por más ingredientes (huevos, leche y azúcar) y refractarios hermosos que le ponga enfrente. O… tal vez sí lo descubrirá… algún día… después de varios experimentos y fracasos con flanes crudos, insípidos, aguados, duros, quemados o batidos. ¿No es mucho más sencillo (y práctico) que la abuela venga y le enseñe ella misma cómo hacerlo? Lo aprenderá en un dos por tres, sin fracasos, sin pérdida de tiempo y sin ingredientes desperdiciados.

Puse el ejemplo de un flan. No quiero pensar cuánto se va a tardar mi hija en descubrir por ella misma el Teorema de Pitágoras o las leyes de Euclides.

Claro que… pensándolo bien, los constructivistas (ahora llamados pedagogos) no buscan que el niño aprenda tan rápido, de hecho no quieren que el niño aprenda ni se esfuerce en aprender, sino que juegue, que esté contento, que trabaje en equipo durante muchas horas y diga su parecer… Pensándolo así… entiendo que no quieran invitar a la abuela, pues frustraría sus planes de entretenimiento y pérdida de tiempo.

No estoy exagerando. La semana pasada recibí una circular muy linda y colorida en la que se me avisaba que mis tres hijos de primaria tendrían en sus escuela la “Semana del Sol naciente” en la cual, en lugar de tener clases, jugarían y harían experimentos divertidos para conocer los grupos alimenticios y las condiciones de una buena alimentación.

Bueno… quince minutos en mi cocina y despensa, bastarían y sobrarían para enseñarles a mis hijos, de manera muy amena, muy divertida y muy experimental , que los alimentos se dividen en frutas, verduras, cereales, lácteos y carnes: que unos tienen vitaminas, otros proteínas, otros grasas y azúcares y otros fibra… y que hay que consumirlos de manera balanceada para tener una buena nutrición. ¿Una semana completa? ¿Toda la Primaria sin clases? ¡Viva el constructivismo y la idiotización de la niñez!

Pronto regresaremos a la edad de Piedra, pues… aunque mi hija no logre descifrar los ingredientes exactos para el flan de la abuela, estoy segura de que mi hijo de seis años muy pronto descubrirá, con su observación y experimentación constructivista, que el Sol gira alrededor de la Tierra. Y como él lo descubrió solito y sin ayuda de nadie… los pedagogos le dirán que es verdad, que es su verdad, una verdad tan válida como todas las demás verdades que otros hayan descubierto.

“Un modelo basado en el desarrollo de competencias, que ayuda al niño a Aprender a aprender”

Esto sí es verdaderamente ridículo. “Aprender a aprender”…
Aprender a aprender ¿qué?

Se aprende aprendiendo algo, no aprendiendo a aprender algo.

Es como si llevara a mi hijo a una escuela de natación para que aprenda a nadar y después de un año el profesor me lo entregara diciendo “Señora… su hijo está listo ya para aprender a nadar. Todo este año le estuve dando clases de cómo aprender a aprender a nadar. Ya aprendió cómo aprender a nadar así que ya puede, ahora sí, aprender a nadar”

O… que la maestra de cocina me dijera: “Yo no doy clases de cocina, no enseño a cocinar, doy clases para que las niñas aprendan a aprender a cocinar” ¿De qué sirve eso, si no para perder el tiempo?

El cerebro no necesita aprender a aprender, pues siempre está listo para aprender. De hecho, el cerebro continuamente está aprendiendo algo. El proceso de aprendizaje en el cerebro es continuo desde que el bebé está en el seno materno. Todo lo que vemos, todo lo que tocamos, todo lo que oímos… todo es aprender en cada segundo de nuestra vida. El cerebro no necesita de ninguna preparación previa para empezar a aprender.

Señores pedagogos, se aprende a contar, contando; se aprende a leer, leyendo; se aprende a escribir, escribiendo. No necesitan enseñarles a mis hijos cómo aprender a aprender a leer… háganlos leer, por favor.

De hecho, los niños aprenderán aunque no les enseñen, pues su cerebro está hecho para aprender siempre. Si no le enseñan a un niño las fórmulas elementales de la física en la escuela, las aprenderá él solo, pero las aprenderá como no las debe aprender. Aprenderá, por ejemplo, que fuerza es igual a masa por aceleración (F=ma) cuando un amigo borracho le dé un mazazo en la cabeza. Si no le enseñan que la velocidad es igual a la distancia sobre el tiempo (v=d/t), lo aprenderá cuando no pueda frenar en el coche y se estrelle contra un poste. Si no le enseñan las Leyes en la escuela, aprenderá en la calle cómo esquivarlas y violarlas impunemente. Si no le enseñan Historia, la aprenderá (muy mal) leyendo las noticias de la prensa.

Los niños no necesitan “aprender a aprender”, porque siempre están aprendiendo. Por eso resulta indispensable que en la escuela aprendan todo lo que es verdadero y bueno, para que no aprendan lo incierto y nocivo en otros lugares.

“Sustituye al modelo tradicional que transmite contenidos anclados en el pasado”

Queda comprobado que estos pedagogos están peleados con lo tradicional.

Olvidan que los grandes genios y sabios de la humanidad aprendieron con el método tradicional, pues sus novedosos métodos no existían en tiempos de Platón, Sócrates, Newton, Einstein y un larguísimo etcétera… hasta llegar a los grandes pensadores, intelectuales y científicos (de más de 40 años) de nuestros días. Si tan malo es el método tradicional, ¿de dónde salieron todos esos genios?

Todos ellos aprendieron con el método tradicional en el cual el discípulo aprende de la sabiduría y conocimientos que le transmite su maestro y luego, de manera natural y lógica, llega a superarlo, tanto en conocimientos como en sabiduría.

No veo qué tenga de malo un modelo en el cual el alumno debe prestar atención a las explicaciones del maestro, pedir la palabra cuando tenga alguna duda y después hacer los ejercicios para afianzar en la práctica, los conceptos teóricos.

Si el modelo tradicional fuera tan malo como dicen los pedagogos, no hubiera habido ningún avance en la ciencia, la tecnología y el saber desde el medioevo hasta nuestros días.

Sin ir más lejos… Jesucristo, siendo Dios, escogió el modelo transmisivo y tradicional para enseñar a sus discípulos. Nadie en el Universo conoce mejor la psicología humana que Él, pues Él mismo fue el creador del hombre. Supongo que los pedagogos creen saber más que Dios.

Creo que nuestros pedagogos están confundiendo lo novedoso con lo bueno y creen que es malo todo lo que no es novedoso. Eso es entendible en el pensamiento de un adolescente inmaduro que cree que todo lo nuevo es bueno, pero… no en un educador.

Por otra parte… me gustaría mucho que me aclararan cuáles son los “contenidos anclados en el pasado” de los que hablan. ¿Será que ya no quieren que los niños estudien a Sócrates y a Platón? ¿Qué ya no lean a Miguel de Cervantes ni a Shakespeare? ¿Qué ya no estudien Historia Universal? ¿Considerarán que las leyes de Newton están pasadas de moda? ¿Se referirán a las enseñanzas de Jesucristo, por tener 2000 años de antigüedad? ¿Cuáles son, señores pedagogos, los contenidos “anclados en el pasado”?

“Modelo centrado en el estudiante y no en el maestro como protagonista”

“Centrado en el estudiante” ¿Qué tiene esto de novedoso?
Vayamos al maestro más tradicional de la historia. Cuando recita las tablas de multiplicar, lo hace para que el alumno las memorice. No lo hace para repasarlas él. Cuando hace un dictado y corrige las faltas de ortografía, lo hace para que el alumno (y no él) aprenda a escribir correctamente. La educación tradicional SIEMPRE ha tenido como centro al estudiante, no al maestro. Todas las explicaciones, ejercicios y tareas de la educación tradicional están dirigidas a la superación y al aprendizaje del alumno. El alumno es, y siempre ha sido, el sujeto y el objeto de la educación tradicional.

Y ahora, además, existen herramientas interactivas maravillosas que ayudan a que el maestro ya no tenga que emplear el tiempo en escribir las tablas sobre el pizarrón. Pero el método es el mismo (el maestro enseñará y el alumno repetirá y practicará las tablas hasta dominarlas por completo). Lo único que cambia son las herramientas, que ahora son más variadas, interactivas y poderosas y ayudan a que el alumno aprenda más cosas en menos tiempo.

Hay niños con ganas de aprender, que podrían aprender mucho más en un sistema más exigente, más ordenado, que no lo obligara a convivir con quienes no tienen el menor interés por enseñar.

“Modelo que integrará todas las materias”

Eso también es muy tradicional, queridos pedagogos. Basta con mirar a los sabios del Renacimiento. Curiosamente los mejores artistas, pintores, arquitectos, compositores, también eran los mejores matemáticos, teólogos e historiadores.

Las materias no deben integrarse de manera ficticia desde la administración del colegio, obligando al profesor de Biología a poner a hacer operaciones matemáticas a los alumnos para calcular el volumen del hígado; ni obligando al profesor de Natación para que los alumnos calculen el volumen de agua que sacan de la alberca en un clavado.

Las materias estarán integradas en la medida que tenga la cultura general de cada uno de los maestros. Si el maestro de Matemáticas sabe también mucho de Historia, de Geografía, de Filosofía y de Arte, se los transmitirá a los alumnos de manera natural. Pero eso… no se logra enviando a los maestros a jornadas pedagógicas… se logra poniéndolos en contacto con unas cosas muy tradicionales y antiguas que se llaman libros. 
Que lean mucho… de su materia y de las otras materias.

“El nuevo sistema acaba con las evaluaciones sancionadoras”

¿Me podrían decir, estimados pedagogos, cuándo ha sido “sancionadora” una evaluación? Los exámenes son sólo eso: evaluaciones. Y lo que hacen es solamente evaluar el conocimiento adquirido. Una calificación en un examen no es un premio para el que sabe ni es un castigo para el que no sabe. Es sólo una señal cuantificable, una medida objetiva, de que el niño ha aprendido suficientemente bien o de que necesita estudiar de nuevo.

Que los papás impongan luego un castigo por las malas notas en el examen… eso no quiere decir que el examen en sí mismo sea un castigo. Por el contrario, los exámenes son la oportunidad para ver si el alumno ha tenido un aprendizaje efectivo y, si no lo ha tenido, poner a tiempo las medidas correctivas necesarias, ya sea en la manera de explicárselo o en la manera de estudiar. Los exámenes son una herramienta eficaz para asegurar que el alumno terminará el curso sabiendo todo lo que debió haber aprendido.

Con el deseo de los pedagogos de eliminar las evaluaciones y las calificaciones…
sustituyéndolas por hermosos sellos que dicen “ERES UN CAMPEÓN” (sin revisar siquiera las respuestas ni la calidad del trabajo entregado)… ahora nadie se entera de si el niño está aprendiendo o no (ni los maestros, ni los padres, ni el mismo niño) y… pasa al siguiente curso en blanco, convencido de que da igual saber o no saber; hacer las cosas bien o hacerlas al aventón. El resultado es el mismo: “ERES UN CAMPEÓN”

He escuchado a muchos amigos, profesores de universidad, seriamente alarmados por los escasísimos conocimientos con que están llegando los alumnos a las facultades, sobre todo en las áreas matemáticas y en el lenguaje. Es una pena, porque, si los jóvenes no dominan el lenguaje, muy difícilmente serán capaces de dominar el pensamiento y si no dominan las matemáticas, muy difícilmente llegarán a dominar la ciencia.

Lo más penoso es que los jóvenes no se avergüenzan de ello.
 Llegan a la Universidad sin saber qué es el Teorema de Pitágoras, no tienen idea de quién fue Miguel de Cervantes, no pueden decir completos los Diez Mandamientos, no saben si Colombia está en América Central o en América del Sur… no saben ni siquiera expresarse correctamente y son incapaces de redactar un párrafo coherente con la puntuación correcta y sin faltas de ortografía… Y ¡no les importa! Se ríen, les parece gracioso ser ignorantes.

Claro… a fuerza de haber sido evaluados sin impunidad, han llegado a creer que no tienen importancia el conocimiento, el saber y la cultura. Están convencidos de que les irá igual de bien que a los que sí saben, pues siempre sucedió eso en su escuela: los que estudiaban y los que no estudiaban; los que sabían y los que no sabían… al final, todos pasaban el curso.

“Nuestras evaluaciones son participativas, involucrando a todos los implicados: al alumno, al maestro, al resto del personal docente y administrativo, al grupo de psicólogos y a las familias, para asegurar el desarrollo integral de todas las facetas de la personalidad del alumno”

Esto es terrible y creo que va en contra de la relación de confianza que debe existir entre un maestro (de los de verdad) y un alumno. ¿Qué tienen que hacer los demás, opinando acerca de las calificaciones que mi hijo merece?

Imagino la escena: Un alumno obtuvo un seis en el examen de matemáticas. Un seis objetivo: seis aciertos en diez preguntas.
El psicólogo opina: “No, es un niño muy débil psicológicamente, si le ponemos seis, su autoestima se dañará, propongo que le pongamos ocho”
El profesor de natación opina: “Si le ponemos seis u ocho, bajará su rendimiento deportivo, mejor nueve”
El administrativo dice: “Tiene todas las cuotas al corriente, se merece mejor calificación”
Y la mamá termina: “Estudió tanto mi niño… yo lo vi estudiar… se merece una buena calificación”
Entre todos deciden ponerle un “SOBRESALIENTE!”

¿Qué clase de evaluación es esa? ¿Para qué sirve?

Basar las evaluaciones en aspectos subjetivos sólo distorsiona la realidad y genera una gran inseguridad en el niño, pues nunca sabrá qué es lo que realmente debe hacer para ser mejor evaluado.

“No nos enfocamos en transmitir contenidos que el alumno puede ya encontrar en la Internet”

Justamente porque el niño puede encontrar millones de contenidos en la Internet, es por lo que se hace más urgente que nunca proveerlo de contenidos ciertos y confiables y de una estructura mental lógica y ordenada que le ayude a discernir.

Nuestros niños están sumamente despistados por la cantidad de información que reciben continuamente de todos los medios (no sólo la Internet). Oyen miles de opiniones diversas acerca de todas las cuestiones. Están bombardeados de información incierta y falsa.

Debemos brindarles la seguridad de que sus preguntas tienen una respuesta verdadera. Debemos mostrarles la verdad, para que entonces ellos puedan desechar el resto de las respuestas erróneas que encontrarán en la red, que escucharán en la radio, que verán en el cine y en la televisión.

Si no les damos contenidos confiables en la escuela, crecerán convencidos de que la verdad no existe o de que existen muchas verdades y que él puede adoptar la que mejor le convenga en cada circunstancia.

Para aprender algo nuevo, uno siempre se apoya en lo que ya sabe. El niño que más cosas sepa al salir de la escuela, más puntos de apoyo tendrá para aprender cosas nuevas. El aprendizaje tiene la particularidad de que cuanto más aprendes, más sed tienes de aprender más; cuanto más sabes, más ganas tienes de saber más. Si nuestros hijos salen de la escuela sabiendo poco, por muchas destrezas que le hayan inculcado, es muy difícil que les broten de repente las ganas de aprender. Y… aunque les brotaran… su cerebro no estará suficientemente desarrollado para entender conceptos más elaborados.

“Libros de texto modernos, atractivos y adecuados a la idiosincrasia del alumno”

Da pena hojear los libros de texto que ahora llevan nuestros hijos
, especialmente en Bachillerato: Grandes ilustraciones a cuatro tintas, papel couché de muchos gramos,

pasta

dura, hermosas fotografías dignas del National Geographic, bonitas historias ilustradas y… nada de contenido sustancial de la materia y ni un solo ejercicio de práctica o evaluación.

Cada vez que los veo, añoro a nuestro arcaico Baldor y los Cuadernos Alfa… de papel revolución, en blanco y negro y con cientos de ejercicios para volverte experto. ¡Qué buenos libros eran ésos!

Los libros de Primaria también dan pena… son menos elegantes que los de bachillerato, pero también están llenos de colores e ilustraciones y de muy poco contenido sustancial. Por poner un ejemplo, en el libro de Matemáticas de mi hija de 3º de primaria, aparece un problema que dice: “Juan tenía una pera y dos manzanas en una canasta. ¿Cuántas frutas tenía en total?”, los pedagogos (autores del libro) han dibujado a Juan con su canasta en

media

página, a dos manzanas rojas y brillantes en la otra mitad de la misma página y a la pera en la mitad de la página siguiente. Luego en la última mitad, aparece la ilustración de las dos manzanas, un gran signo de más y luego la pera. Al final… el espacio para responder a tan difícil pregunta.
Dos páginas completas de dibujos, para un problema sencillísimo. ¿Será que los pedagogos creen que una niña de 9 años es incapaz de imaginarse dos manzanas y una pera? ¿O será que quieren hacer libros sin contenido alguno?

En mi búsqueda de materiales que me ayudaran a enseñar a mis hijos lo que no les están enseñando en la escuela, he descubierto con tristeza que los pedagogos, además de haberse adueñado de las escuelas, también se han adueñado de las editoriales educativas y las mismas han dejado de editar los libros viejos y buenos, aquellos que fueron escritos por buenos maestros. Todo lo que hay ahora es igual…. mucho dibujo (muy pedagógico) y nada más.

“Utilizamos las herramientas didácticas más modernas y empleamos de manera inteligente y crítica las nuevas tecnologías para lograr una enseñanza adecuada a la época actual”

De nuevo los pedagogos confunden lo moderno con lo bueno. Es irrelevante que las herramientas didácticas sean modernas o antiguas, cuando logran un aprendizaje eficaz. Los libros, el lápiz y el cuaderno son muy antiguos y no por eso dejan de ser buenos en la educación. Hay herramientas modernas muy buenas y otras no tan buenas. Y no necesariamente “las más modernas” son las más buenas.
En cuanto a lo del “uso inteligente de las nuevas tecnologías”, me alegro que lo hagan de esa manera, pues usarlas sin inteligencia sería muy malo. Por cierto…. los maestros tradicionales (yo soy uno de ellos) también sabemos usar (y usamos) las nuevas tecnologías en la enseñanza. No necesitamos que los pedagogos nos enseñen a utilizarlas.

“Una educación con contenidos ‘objetivos y neutros’, que no arrastren al niño hacia ninguna ideología particular”

El reino del igualitarismo forzosamente debe aplastar u opacar a quienes se distinguen entre la muchedumbre. Quieren formar chicos “grises”, maleables, que se integren fácilmente a la sociedad, con la escala de valores que esté de moda y que cambie con los vaivenes de la opinión pública, para llevarlos a donde ellos quieran.

Por eso el nuevo sistema educativo ya no presenta ideales modélicos a los alumnos (los grandes genios, héroes, sabios y santos de la humanidad) pues no quiere que el alumno se destaque o se distinga, imitándolos, sino que se inserte de manera anónima en la sociedad consumista.

Para erradicar los modelos del sistema educativo, se pide a los maestros que impartan sus materias (especialmente la Historia) desde un punto de vista “neutro y objetivo”, presentando simplemente los hechos y sin dar ninguna opinión personal ni ningún juicio de valor.

De esta manera, los profesores de Historia ya no pueden narrar con emoción las grandes hazañas de los grandes héroes, ni juzgar a los grandes traidores de los pueblos. El niño actualmente aprende la Historia, no como algo apasionante que involucra grandes cerebros, grandes corazones, grandes estrategias y grandes intereses culturales, económicos y políticos, sino sólo como una serie descriptiva y amorfa de nombres, lugares y fechas sin sentido, pues nunca se le dice (con el pretexto de no ideologizarlo) quién es el héroe y quién es el villano del cuento, ni se le habla de las grandes pasiones que movieron a los hombres de cada época a actuar de tal o cual manera para cambiar el rumbo de la historia.

Nuestros niños, a falta de modelos históricos que, por su inteligencia, valentía y virtudes, lo pudieran atraer y lo impulsaran a imitarlos, están llegando a creer que los modelos a imitar son los “súper héroes” o las estrellas de rock, pues son a los únicos que ven brillar en una sociedad relativista.

Cito al P. Luis Garza, L.C. en su libro “La batalla por el alma del mundo”:

“La educación es lo que forma la mente y el cuerpo de las nuevas generaciones. En la educación están implicados los valores, los códigos de conducta que se transmiten de generación en generación. Por eso también es un campo de batalla para controlar el alma del mundo. Pero la educación tiene un agente primordial, que son los ejemplos de vida, los testimonios, es decir, padres, educadores, etc. Hoy en día es fácil percibir el ataque que se hace a los ejemplos que los niños encuentran en su desarrollo, de forma que éstos quedan desorientados y sin puntos de referencia. Cuando se devalúa la imagen de los agentes de la formación de los niños, quedan como modelos los “héroes” de las películas, los cantantes de moda, los deportistas, etc”.

IV. LAS JORNADAS PEDAGÓGICAS OBLIGATORIAS PARA LOS MAESTROS

Desde hace dos o tres años, los padres de familia nos hemos visto sorprendidos por la suspensión de clases en las escuelas (un viernes cada mes) debido a las “Jornadas pedagógicas” que deben tomar los maestros de manera obligatoria. Muchos nos hemos visto en la necesidad de buscar a alguien que pueda cuidar a nuestros hijos esos días, con un costo económico no previsto en el gasto familiar, y muchos otros, nos hemos visto obligados a llevarlos con nosotros al trabajo para no dejarlos solos en casa, lo cual no es muy bien visto en la mayoría de las empresas y resulta peligroso en el caso de las madres que trabajan en fábricas industriales, donde no existe un espacio seguro para los niños.

Pero independientemente de esa molestia, no sé si alguno de nuestros pedagogos se puso a pensar, al programarlas, que quitar un viernes al mes de clases a nuestros niños, significa nada menos que disminuirles el 5% del tiempo que dedican a la escuela. No es poco… Si iban a aprender 100 a lo largo del año, ahora sólo aprenderán 95.

Ahora que, con lo poco que aprenden hoy en día, 100% de casi nada es prácticamente lo mismo que 95% de casi nada.

¿Qué les enseñan a nuestros maestros en esas jornadas pedagógicas? ¿Aprenderán a ser mejores maestros o es una especia de adoctrinamiento por parte del estado?

La verdad es que… ni lo uno, ni lo otro. Abajo les pongo el temario de los contenidos de estas jornadas, pero no es importante. Como veremos más adelante, el único objetivo de estos cursillos es dejar claro, en la mente de los maestros, que los pedagogos tienen un ascendiente intelectual sobre ellos.

Entonces, no importa lo que les den (que es pura paja pedagógica)

Contenidos de los cursillos pedagógicos:

– La psicología de los niños
– Dimensión afectiva y social en el aprendizaje y en la autoestima
– Diferentes modelos pedagógicos y didácticos
– Cómo seleccionar y formular los contenidos
– Diseño de actividades para el aprendizaje de materias concretas
– Uso didáctico de diferentes recursos
– Tendencias innovadoras en la educación
– Dinámica de grupos y trabajo cooperativo
– Funcionamiento de los centros y el trabajo con las familias
– Las normas legales existentes sobre el sistema educativo

Ni los buenos profesores lo son gracias a los cursillos pedagógicos, ni los malos van a mejorar gracias a ellos. Hay cientos de magníficos profesores que no han estudiado pedagogía y no les hace ninguna falta.

Jesucristo no envió a sus apóstoles a jornadas pedagógicas, no les hablo de “teorías cognitivas” ni de “los contenidos actitudinales” y, sin esa preparación, que nuestros pedagogos dicen es indispensable, les envió a la misión educativa más ambiciosa que puede existir: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura, enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he dicho.”

Me he puesto a pensar que tan no es necesaria la pedagogía moderna, que cualquier papá que llegase a necesitar contratar a alguien que le dé un curso de regularización a su hijo porque ha flojeado en matemáticas, no se le ocurriría buscar un pedagogo, sino un simple joven universitario que domine la materia. Creo que todos estamos conscientes de que cuando se trata de enseñar y aprender, poco importa la psicología del niño, el modelo de Gagné o la taxonomía de Bloom. Basta con alguien que conozca la materia, la entienda y pueda explicarla.

Les copio un texto del ideario del colegio Franco Inglés, de la Sociedad de María fundada por Jean Claude Colín, hablando de la pedagogía que aplican los sacerdotes maristas en sus colegios:

Al iniciar el siglo XXI y, a pesar de los cambios, los Maristas siguen fieles al proyecto educativo de su fundador. Conocen sus límites. No se trata de una pedagogía original e innovadora. Son, más bien, actitudes educativas de las que no se sienten propietarios exclusivos. Pero son testigos de que han dado su fruto y creen que todavía continúan dándolo. Sencillamente porque se inspiran en las fuentes del Evangelio.
“Si, colaboramos con Dios para formar un hombre. Eso es. Cuando un niño sale de manos de su nodriza, apenas si es un esbozo de hombre. Luego llega el momento de hacerlo hombre, de formar su voluntad, su carácter, su virtud, etc. Pues todo eso lo hace la educación. No hay cosa más grande. El niño recibe como su segunda creación”. (HF 13,33).
Colín tiene una idea grande del educador y del educando. El educador colabora con el Creador y está encargado de llevar a término el trabajo de Dios: revelar al alumno quién es y quién es para Dios. El educador coopera con el alumno en esta tarea, ya que, de hecho, nada se puede hacer sin su consentimiento y sin que él participe en su formación.

Si esta clase de ideas (muy antiguas y muy tradicionales) fueran las que transmitieran a nuestros maestros en las jornadas pedagógicas, la educación sería muy distinta y mucho mejor.

IV. LAS IDEOLOGÍAS QUE ESTÁN DETRÁS DEL NUEVO SISTEMA EDUCATIVO

Las ideas prácticas del constructivismo fueron desarrolladas por Jean Piaget (1896-1980) yJohn Dewey (1859-1952) quienes son la cara amable y aparentemente inofensiva de las ideologías que hay detrás de él.

Las ideas teóricas en las que se fundamenta el constructivismo y las estrategias para su implementación en el sistema escolar no son de Dewey ni de Piaget. Los verdaderos creadores ideológicos del nuevo sistema educativo son Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) (Ilustración francesa), Francisco Ferrer (masonería española), Herbert Marcuse (1898-1979) y Antonio Gramsci (1891-1937) (revolución cultural marxista).

Haré sólo un resumen de sus ideas y su incidencia en el sistema educativo actual, pues el análisis profundo requeriría de un estudio largo, que no entra dentro de los objetivos de este escrito.

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) “EL NIÑO ES BUENO POR NATURALEZA”

Filósofo y escritor francés, enemigo de la Iglesia y vinculado fuertemente a la masonería de su tiempo. En su obra “Emilio, el hombre nuevo” que fue ampliamente difundida durante los años previos a la Revolución francesa, presenta a Emilio, un personaje que, logrando liberarse de todos sus valores y principios, hace suya la voluntad del pueblo. En su obra, Rousseau repite una y otra vez la idea de que el hombre es bueno por naturaleza, que todos los impulsos naturales son buenos, que no hay que tener prejuicios, ya que el mal proviene del orden social y no de los actos del hombre.

A todas luces podemos ver que las ideas de Rousseau son erróneas (ya lo he explicado en otro documento [1]) pues al afirmar que el hombre es bueno por naturaleza se niega la naturaleza misma del hombre, herida por el pecado original, que tiende al pecado y a la concupiscencia, pero… nuestros pedagogos no se han fijado en ello y, creyéndole a Rousseau en lugar de a Dios, han decretado que nuestros niños aprenderán espontáneamente si se les deja libres en un ambiente adecuado.

Ya vemos los resultados de haberlos dejado sueltos (totalmente sueltos) en ambientes hermosos: niños flojos, insolentes, irrespetuosos, violentos, sin deseos de aprender, sin capacidad de comprometerse… Nunca como ahora se dan las faltas de respeto a los docentes, el acoso entre iguales, la violencia escolar y la indiferencia ante el saber.

Pero… nuestro nuevo sistema educativo dice que “proveerá a los alumnos del ambiente adecuado para que aprendan a aprender de manera espontánea”

Francisco Ferrer (1859-1909) LA ESCUELA MODERNA. “AMBIENTES Y COMPETENCIAS”

Español, perteneciente a los más altos grados de la masonería en Barcelona. Fundador de la Escuela Moderna, en donde por primera vez se habla de “ambientes y competencias”; de “dejar que el niño descubra el saber por sí mismo”; de “no calificaciones”; de “el maestro como compañero de camino”. Es muy interesante leer su vida, conocer su experiencia y las motivaciones que lo impulsaron a fundar la Escuela Moderna, pues explica mucho de lo que se quiere implementar (o ya se ha implementado) en las nuestras.
http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/pedagogia/escuelamoderna/indice.html

Herbert Marcuse (1898 -1979) PRAXIS REVOLUCIONARIA DESDE LAS ESCUELAS A TRAVÉS DE LA PSICOLOGÍA

Psicólogo marxista, alemán, miembro de la escuela de Frankfurt. Su tesis marxista dice que el cambio revolucionario puede venir solamente si proviene de una elite alienada como los estudiantes. Promueve la transformación del concepto tradicional de las instituciones (familia, escuela, matrimonio, empresa, etc.), una critica radical a la cultura basada en el progreso y unaliberación de toda atadura moral. De la aplicación de sus ideas se derivó en gran parte el movimiento estudiantil del 68. Ahora sus ideas han influido en nuestras escuelas a través de las corrientes psicológicas y la “liberación de ataduras morales”, obteniendo una generación de estudiantes rebeldes e irrespetuosos contra las autoridades. Una permanente generación del ’68. Eso es lo que busca Marcuse: la lucha de clases dentro de las escuelas, la rebelión del grupo alienado.

Antonio Gramsci (1891-1937) LA HEGEMONÍA MARXISTA DESDE LA ESCUELA

Pensador marxista, nacido en Cerdeña, Italia. Ya también he hablado extensamente de él en otros documentos [1]. Desde sus Cartas y Cuadernos desde la Cárcel marca las pautas que deberán seguir los marxistas para instaurar el socialismo en los países latinos. Él dijo que se tardarían 80 años en conseguirlo. Hace 80 años que murió Gramsci y… ya lo están logrando.

Su lema es: “ Adueñarnos del mundo de las ideas, para que las nuestras, lleguen a ser las ideas del mundo”

La metodología que marca Gramsci para la revolución cultural marxista (en general), se puede resumir en los siguientes pasos:

1) Desacreditar todo lo tradicional (por todos los medios posibles)
2) Inventar una doctrina nueva para suplantar a la anterior
3) Infiltrarse en la superestructura (Iglesia, Educación, Medios, Economía, etc.) para seguir desacreditando lo antiguo y fortalecer el nuevo pensamiento desde dentro
4) Legalizar todo lo anterior (convertirlo en Ley)
5) Tomar el gobierno

En el plano de la educación, Gramsci veía con desagrado que en Italia existían dos clases de escuelas: una, humanista, para la clase “pudiente” y otra, técnica, para la clase obrera. Los estudiantes de las escuelas humanistas, con acceso al estudio de la Filosofía, se convertían en la clase intelectual que era la que tenía el poder y ocupaba los altos puestos en la super-estructura . Los intelectuales eran los que fungían como maestros de los obreros en las escuelas técnicas.

A Gramsci esto le parecía totalmente injusto, por dos cosas principalmente:
1. Le parecía mal que los intelectuales tuvieran el poder y no la clase obrera que era la que, según él, debía tenerlo, por ser la más numerosa.
2. Le parecía injusto que los hijos de los obreros se vieran obligados a estudiar en las escuelas técnicas para obreros, pues los predestinaba a ser siempre obreros, como sus padres. Un hijo de obrero jamás tendría la oportunidad de ascender a la clase intelectual.
3. La única manera de que la clase obrera, el proletariado, tome el gobierno, es acabar con la clase intelectual

Para lograrlo, Gramsci propone,
 resumidamente, dar los siguientes pasos en el campo educativo:
1. Desacreditar por todos los medios el sistema educativo vigente
2. Inventar una nueva teoría educativa y enseñársela a algunos de los suyos para que ellos se conviertan en educadores de los educadores actuales.
3. Instaurar la Escuela Única, la misma para todos, ricos y pobres, con los mismos planes de estudio, de modo que no existan niños que tengan oportunidad de aprender más que otros. Para esto habrá que igualar el plan de estudios en todas las escuelas e igualar las edades en cada grado.
4. Hacerlo deseable en todos los países, mediante certificaciones nacionales e internacionales, de maestros y de programas.
5. Legislarlo. Hacerlo obligatorio desde el gobierno.

Se puede ver claramente como nuestros modernos pedagogos han ido dando todos los pasos propuestos por Gramsci:
1. Desacreditando a los maestros y sistemas tradicionales.
2. Inventando la “pedagogía“ y convirtiéndose en educadores del educador a través de las “jornadas pedagógicas”
3. Imponiendo el “Currículum Estandarizado” para todas las escuelas
4. Inventando certificaciones como el Certificado de Actualización Pedagógica, el College Board, la Prueba Enlace, etc.
5. Subiéndolo al aparato legislativo, para hacerlo obligatorio.

Gramsci escribió muchas cosas más acerca de la educación que terminan de redondear su plan, sin dejar grieta alguna, para adueñarse del sistema educativo con el fin de instaurar el socialismo.

Pongo solamente algunas de ellas, pero invito al lector a conocerlas con detalle en los Cuadernos y Cartas desde la Cárcel, para tomar plena conciencia del problema:

Así es, textualmente, como expresa Gramsci sus objetivos (los textos en itálica son citas textuales de sus cuadernos desde la cárcel):

“Las clases dirigentes y sus intelectuales son el enemigo a identificar. Contra ellos deben ser creados una nueva cultura y un nuevo proceso educativo”

“Para que esto se concretice, hay que disolver las diferencias entre intelectuales y masa, entre teoría y práctica. De esta manera se generará una cohesión sociocultural, que imperiosamente promoverá una nueva filosofía de vida, de esa manera, cualquier ciudadano tendrá las mismas posibilidades de acceder a los cargos gubernamentales.”

Acerca de esta “nueva filosofía” (una forma homogénea de pensar para todo el mundo) estrictamente necesaria para los planes de Gramsci, él propone difundir la idea de que “todo hombre es un filósofo” y promover en las escuelas la participación activa de todos los alumnos con sus pensamientos, que deberán ser tomados con la misma importancia que los pensamientos del maestro, quedando reducida la filosofía antigua a la nada.

“Es preciso destruir el prejuicio muy extendido de que la filosofía es algo sumamente difícil por tratarse de una actividad propia de determinada categoría especialista de letrados o caracterizados filósofos profesionales… es necesario demostrar que todos los hombres son filósofos… de la filosofía espontánea característica de todo el Mundo.”

“Para eliminar la diferencia de clases, la cultura no deberá ser ya entendida como un conocimiento enciclopédico.
 Los hombres no deben verse como “receptáculos de datos”, pensando que los que poseen más información son superiores a los más desprovistos de ella. La Nueva Educación para las Masas deberá ser una educación simple, humana, adecuada a las clases populares; sin muchos contenidos, es decir, un tipo de conocimiento que se desprenda de las necesidades, de los deseos, de los derechos y los deberes de la gente a la cual va dirigida.”

“El que una masa de hombres sea inducida a pensar sobre el presente real con cohesión dentro de una cierta unidad, es un hecho `filosófico’ más importante y `original’ que la revelación de una nueva verdad por el `genio’ filosófico, revelación que quede como patrimonio de pequeños grupos de intelectuales.”

Gramsci sugiere que, para nivelar los conocimientos de las clases, la escuela Primaria sea activa (que el niño descubra los conocimientos por sí mismo) y la Secundaria creativa y que el maestro sólo sea un guía que no imponga sus ideas a los alumnos:

“El proceso educativo para alcanzar la igualdad social, debe ser gradual, destacándose en los primeros años de estudio un carácter activo y estimulante de la disciplina para el aprendizaje y la libertad.

Se está persuadido de que una verdad es fecunda sólo cuando se ha hecho un esfuerzo por conquistarla, que ella no existe en sí y por sí, sino que ha sido una conquista del espíritu, que en cada individuo es preciso que se reproduzca aquel estado de ansiedad que ha atravesado el estudioso antes de alcanzarla.

En una segunda etapa, la escuela activa debe dejar paso a la escuela creativa. La primera tiene por principal fin nivelar los conocimientos, la segunda, debe promover la asunción de una personalidad autónoma y creativa.”

Gramsci promueve repetidamente la idea del “maestro-compañero”, pues es algo indispensable para acabar con las diferencias de clase. El que sabe y el que no sabe, deben ser iguales y tomados en cuenta de igual manera:

“Para ello el maestro debe erigirse en un guía que oriente los aprendizajes ya que el niño no es un recipiente mecánico y pasivo, sino por el contrario se lo debe tratar como un ser activo. En la escuela única se dará una verdadera relación horizontal entre los educadores-educandos. Nadie aprende lo que no le interesa. El educador tiene que averiguar con el alumno cuáles son sus problemas y sobre éstos discutir; el maestro no es otra cosa que un compañero de viaje que posee mayor experiencia, pero tendrá que reflexionar sobre la problemática del alumno.

El problema de la educación constituye el máximo problema de clase, por lo que en la nueva cultura se deben visualizar las relaciones educativas, no como relaciones de dominio, como hasta ahora ha sido, sino como verdaderas relaciones educativas, donde “nadie educa (para dominar) a nadie”.

Gramsci prevé también que pueden existir mentes más brillantes que se le pueden salir de control y recomienda tenerlos observados:

“¡Los intelectuales que la clase forma pueden en cualquier momento volverse contra ella misma! Por esto, resultará indispensable detectarlos y ganarlos para el sistema, antes de que se conviertan ellos mismos en líderes intelectuales que vuelvan a caer bajo la influencia de viejas ideologías y acaben con la igualdad”

A nuestros niños nos los tienen bien observados y clasificados a través de las pruebas Enlace,

College

Board y otras similares o equivalentes en los diferentes países. Con esos exámenes, tienen el nombre, el apellido y la escuela de cualquiera que, por su inteligencia o capacidad matemática y lingüística, pueda convertirse en un líder que se oponga a sus fines.

Gramsci prevé también, que habrá personas que no aceptarán fácilmente el desprenderse de una alta cultura para adecuar a toda la población a una cultura igualitaria y dice lo siguiente:

“Debemos despistar a los imbéciles. Ellos no aceptarán el concepto de “conformismo cultural” que es necesario para lograr la igualdad de clases. A ellos les hablaremos de “especialización”. Así estarán conformes con recibir una enseñanza única y general, con la promesa de especializarse después en algo concreto”

Mantenerlos maleables, manipulables, con la mínima formación para que sean incapaces de analizar un todo completo. El hombre “especializado” en algo, se convierte en un ciego para el resto de las realidades ajenas a su especialización y podrá llevársele hacia donde uno quiera.

Alguno me dirá que esto parece un cuento de terror. ¡Ojalá que así fuera! Pero no es un cuento. Es la realidad que estamos viviendo en nuestras escuelas.

Nosotros, padres y madres de familia católicos, que tanto esmero pusimos por que no triunfara el gobierno socialista en nuestro país… hemos dejado que la ideología marxista se haya adueñado de la educación de nuestros hijos.

¡Qué Dios nos ayude!

CONCLUSIÓN Y PAUTAS DE ACCIÓN

¿Qué podemos hacer ante esta situación?

Pues… antes que nada, concientizar a los padres de familia y a los mismos directores de escuela de la manipulación marxista de la cual hemos sido objeto a través de los slogans de las “nuevas técnicas de enseñanza”.

Concientizar a cada uno de nuestros hijos
 de que ellos pueden y deben aprender muchas más cosas interesantes de las que ahora les enseñan en la escuela. Suplir en casa, dentro de nuestro alcance, los conocimientos que no les están dando en la escuela. Hacerlos concientes de que en la escuela están pretendiendo idiotizarlos para mantenerlos incultos y manipulables. Fomentar en ellos el deseo de aprender y los hábitos de lectura y estudio sistemático. Hacerlos concientes de que ellos son responsables de sus actos, que no es el ambiente, la escuela, sus papás o sus hermanos los culpables de lo que a ellos les sucede. Que sepan afrontar con responsabilidad sus deberes y obligaciones.

También para los hijos… una receta muy antigua: Ayudarlos a que adquieran las virtudescardinales: Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza. La Prudencia les ayudará a hablar cuando deben hablar y podrán así defenderse de la manipulación. La Justicia les ayudará a exigir de sus maestros una buena enseñanza, pues es lo que les corresponde recibir. La Fortaleza les ayudará a superar los obstáculos que se les presenten, cuando el logro de sus metas e ideales les represente un gran esfuerzo. La Templanza les ayudará a ser firmes en sus propósitos, siempre, cuando las circunstancias les sean favorables y cuando no lo sean.

En segundo lugar, debemos rescatar a todos los buenos maestros 
que han quedado enterrados debajo de las cenizas y escombros de la pedagogía moderna. Existen muchas personas buenas que saben enseñar y quieren enseñar. Personas que conocen y aman el arte de educar a un niño. Hay que regresarlas a las escuelas.

Y… a los maestros actuales (
ya ideologizados con la pedagogía moderna), ayudarles a salir de ahí, ayudarles a quitarse de encima el polvo, dándoles a conocer los métodos educativos de los grandes pedagogos (San Juan Bosco, Jean Claude Colín, Champagnat, etc.). Que los conozcan, los estudien y los asimilen para que sean concientes de la trascendencia de su misión como educadores.

Por último… orar, orar mucho,
 para que Dios nos conceda las gracias que necesitamos en estos momentos. Sin Él, nada podemos hacer.

Es lo que a mí se me ocurre. Supongo que a otros se les ocurrirán cien mil acciones más… en los medios, en los gobiernos, en las instituciones. Creo que cualquier cosa que hagamos será mucho mejor que no hacer nada.

Que Dios les llene de bendiciones

Lucrecia Rego de Planas
Dirección
Catholic.net

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: