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La lechuza y la filosofía

lechuza

 

La lechuza, estrictamente llamada “Athene noctua” es un ave rapaz de la familia de los “Strigidae” o estríngidos. El nombre de la especie viene del verbo latino “stringere” que significa “agarrar, oprimir, comprimir, coger, atrapar” en razón, de que la forma de ataque de estas aves, es “atrapando y comprimiendo fuertemente con sus garras”. Es factible que el verbo “estreñir y restringir” tengan la misma raíz, al menos la significación de los fonemas [s], [t], [r] dan la idea de un “algo firme [st] que agosta y comprime [tr]. Piensa en la semántica de “tristeza” en que los sonidos [tr] dicen de algo que se quiebra; tal que bien puede entenderse que la tristeza, y esta hermosa ave, al capturar, oprimen, y al oprimir, quiebran…Camina  sobre hojas o ramas secas ¿no es acaso el sonido del quebrantamiento el que escuchas?…Esta lechuza, cuyo nombre “Athene noctua” – la ateniense nocturna – es símbolo de la sabiduría – simpliciter – y de la filosofía – individualiter – por tres razones: PRIMERA RAZON. Era el ave que simbolizaba, y acompañaba a Palas Athenea, Diosa de la Sabiduría, que es descripta, ya en la Odisea como aquella que tiene “ojos de lechuza” u ojos brillantes, ya que el adjetivo griego “brillante” – glaukós – tiene la misma raíz que el sustantivo glaux, que significa “lechuza”. Por ende el brillo de los ojos o del rostro de Athenea, o Minerva en la mitología romana, implica perspicacia, luminosidad, patencia del ser, penetración, lumbre difusiva. De allí que Athenea, en la misma Odisea, sea llamada también “optiletis”, es decir de vista aguda. En ese sentido la relación entre la lechuza – en tanto símbolo – y Athenea, en tanto divinidad, conforman – casi – una sinécdoque, es decir, una comprensión simultánea entre el símbolo y lo simbolizado. De allí que la lumbre del Inteligencia Divina de Athenea, partenogénita de Zeús, símbolo a su vez de la unidad de naturaleza y del no concurso de temporalidad, al punto que ella es engendrada, no creada, se simboliza con la mirada perspicua de la lechuza que puede ver en el seno de la noche. SEGUNDA RAZÓN: la lechuza sale a cazar en el abismo nocturno, es decir en la ausencia de luz solar. De este modo es símbolo de la sabiduría y de la filosofía, que en el seno de la opacidad del mundo de los hechos y de los entes opacos, atraviesa el noctámbulo cielo de las cosas a fin de “cazar al ser metafisico”, es decir, a fin de captar la luminosidad de lo inteligible. En la simbología cristiana-católica la lechuza es perfeccionada por el águila, que siendo la única ave capaz de mirar de cara al sol, se convierte en símbolo de la teología, tal que la noche de los entes es recorrida por el vuelo de la filosofía que sana las almas y las inteligencias – aún en la noctambulidad entitativa – al proferir el ser inteligible escondido en los entes; recuerda aquí a Heidegger…”El ser gusta estar en el ocultamiento” o aquel famoso fragmento de Heráclito “la naturaleza gusta ocultarse”…A su vez, en la simbología litúrgica de los Obispos, patentizada en los antiguos Pontificales, se pedía que el prelado ingresara a la Catedral haciendo ruido con el báculo – el cayado – (sonitu gravi con sonido grave, afirmaba el Pontifical Romano), pues en la tarde de los tiempos, caído el hombre en el pecado original, tal como las ovejas al anochecer, no pueden ver, es decir, pierden la visión de la Divina Esencia, tal como las ovejas pierden la visión de las esencias, requieren el sonido de la Palabra Eterna del Padre, es decir la Manifestación del Verbo o Segunda Persona de la Trinidad que torne audible lo hecho inaudible por el pecado. El pastor, en el símbolo, golpea su cayado en las piedras a fin de que las ovejas escuchen su presencia, y conformen junto a él un solo aprisco, así el Obispo, con el sonido del báculo que simboliza la potestad sacra y magisterial del Obispo (por ello tiene su cátedra, de allí catedral) anuncia a los hombres postlapsados o caídos la presencia redentora del Verbo de cuya verdad el Obispo es defensor, garante y maestro. Fíjate que la naturaleza de los símbolos míticos se asocian a la “visión”, los cristianos a la “audición”, de allí que el Dios cristiano sea dicho como causa ejemplar de toda proporción, fundamento de la audición celeste y armónica, y por ello el Geómetra Celeste. TERCERA RAZÓN: la lechuza tiene el poder de girar su cuello – casi – en rotación total, por ende su mirada es panóptica…Símbolo perfecto de la filosofía que todo lo ve, y que aún desde la noche de los entes, contempla el destello del Ser; por ello, en el proemio el poema de Parménides (siglo V a.C), el filósofo es llamado “aner eidota fota“, el “varón de mirada luminosa”…Pero esta tercera razón permite vislumbrar otro símbolo, a saber: si la filosofía – como la lechuza – todo lo ven en un solo acto, implica, por una parte el punto de la evidencia, es decir, la inmediatez de la visión del Ser, y por otro, que al verlo todo, quita la posibilidad de la nada, es decir de lo ininteligible, de lo que no puede ser visto ni oído, el no-ser absoluto, que en cuanto tal, es lo impensable, pues como decía el gran Parménides, el SER ES – el NO-SER NO ES…

por el Prof. José María Boetto

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