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EL MAESTRO Y LA EDUCACIÓN*

*Por: Flavio Mota Enciso

Inmersos en las actividades diarias, los profesores frecuentemente olvidamos los alcances de nuestra tarea y las responsabilidades que implica. Es entorno a este importante punto que nos permitimos hacer algunas reflexiones.

En la educación entran en juego dos intelectos: el del profesor que conoce algo, y el del alumno, que debe aprender lo que el profesor sabe y le quiere dar a entender. Pero el punto de partida es que el maestro tiene que inteligir algo primero, para luego tratar de que el alumno también lo conozca.

Cuando, en filosofía, se analizan las causas de la educación, se define al maestro como la causa eficiente – ejemplar. Este concepto, enunciado de manera muy sencilla, encierra fuertes compromisos para el docente. Si es causa, debe estar en acto de lo que está en potencia en el alumno. Estar en acto supone que el profesor debe tener en sí mismo los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que quiere enseñar a sus alumnos. Estar en potencia el alumno quiere decir que puede aprender y desarrollar lo que el profesor le enseña.

En lo propio, es obligación acertar. Y lo propio del maestro es enseñar. Pero la tarea de enseñar requiere poseer el conocimiento y el método. Consecuentemente, ésta es una obligación de principio para el docente.

El conocimiento se refiere al dominio de su disciplina, el método, al manejo de los recursos pedagógicos que faciliten el aprendizaje de sus alumnos.

La palabra Maestro viene de Magis, que significa más o mayor, lo cual quiere decir que debe tener más que el alumno. Debe conocer su disciplina en acto y no sólo en potencia. Nadie da lo que no tiene. Y ese “tener” debe ser real, de hecho. Las frases que se escuchan de algunos maestros: “yo aprendo de mis alumnos” o “juntos aprenderemos esta materia” son riesgosas y deben entenderse más bien en sentido metafórico. Por definición, el proceso educativo es intencionado, persigue fines, y el maestro es el guía y el responsable de alcanzar esos fines. El conocimiento no puede ser definido en términos del resultado del consenso del grupo, sino por el apego a la verdad, a la realidad de las cosas.

Es necesario el fin en cualquier actividad humana y también en la educación. Toda acción educativa es una conducción de un punto a otro. Ese punto al que se quiere llegar constituye el fin. Educar es ayudar al educando a pasar de la potencia al acto.

Precisamente el paso de la potencia al acto es el camino de la perfección. Y no hay perfección, sino en la línea de la propia naturaleza. Entonces es necesario conocer la naturaleza de a quien se enseña y qué se enseña. El profesor debe conocer algo más del alumno, además de su propia ciencia, como condición para poder educar.

El maestro es causa ejemplar. Esto supone que no se puede ser profesor de una materia. Se es profesor de un ser humano. La preocupación de maestro no puede centrarse en si el curso y sus temas fueron cubiertos satisfactoriamente, sino en qué tanto aprendió el alumno y para qué le sirve lo aprendido. El alumno tiene que actualizar sus potencias, llegar a ser lo que tiene que ser.

Causa, significa que está en acto eficiente, que produce algo ejemplar, que sirve de ejemplo. Quien no concibe la educación como causa eficiente ejemplar (ejemplar tanto en su sentido filosófico como vulgar) no tiene derecho a educar.

Nada enseña tanto como el ejemplo. Con los mismos conocimientos se puede ser un apóstol o un genocida.

Profesor es igual a profesar. Profesar un saber, es ser causa eficiente ejemplar.

No se puede hablar de formación de docentes cuando sólo se le capacita en técnicas de enseñanza, tienen que considerarse los fines, estudiados por la Pedagogía y la Filosofía Educativa. Tampoco se puede descartar la dimensión espiritual en la formación de docentes “Hay de aquel que escandalice…” dice el Señor. Y escandalizar significa hacer tropezar, se aplica en el sentido de hacer tropezar o engañar al alumno cuando se enseñan falsedades.

El maestro es causa ejemplar tanto en la ciencia (manifestada por el dominio de su disciplina) como en la docencia, entendida en su acepción literal: dar ciencia, (expresada como el manejo de la metodología de enseñanza).

Ser maestro o profesor es mucho más que pararse al frente de un grupo de alumnos y dar una clase. Ser maestro es un compromiso y una responsabilidad: consigo mismo, con el alumno y con la verdad.

El autor es licenciado en Psicología y master en educación. Actualmente es director de la División de Apoyo Para la Enseñanza y el Aprendizaje (DAPA), y director de la revista Academia

http://www.uag.mx/63/a01-01.htm

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2 comentarios »

  1. Ser maestro en un mundo globalizado no es fácil, donde el inmediato impera, lo fácil y placentero es lo valorable e importante. Donde rige la ley de mercado hasta en las relaciones personales…
    Es importante analizar la filosofía, la epistemología, la historia… etc., pero no debe olvidarse que el maestro es “persona”, con todas las dimensiones que esta implica, con todas las preocupaciones, vivencias, temores, sentires, errores… que posee cualquier profesional.
    Acuerdo que ser maestro, es ser ejemplo tanto en la ciencia como en la docencia, pero a la vez me pregunto: quién, desde qué óptica o con qué criterio se juzga ese ejemplo. Cómo se evalúa a ese docente desde el compromiso y la responsabilidad consigo mismo, con el alumno y con la verdad. Mis dudas surgen al ver el cambio de modalidad de trabajo entre los niveles de nuestro sistema educativo, en el nivel primario, el docente concurre todos los días a la Escuela y está en contacto diariamente con sus alumnos; en el nivel secundario y terciario, dependiendo de la carga horaria, hay quienes solo están en contacto con el alumnado y colegas unas horitas pocas veces a la semana.
    Más que aportes, creo que mi planteo son preguntas, a las que he llegado luego de leer algunos textos y en la búsqueda que todo profesional hace (docente o no) para mejorar su práctica en sintonía con sus creencias. ¿Cómo seguir la pedagogía de Jesús (amor-entrega-ejemplo-humildad) hoy?

    Comentario por Carolina Pérez — agosto 2, 2010 @ 12:44 pm | Responder

    • Me permito responder a Carolina diciendo que está más cerca de Jesús y de testimoniarlo en el quehacer docente del que ella misma cree. Cuestionarse sobre el sentido de la tarea de educar, sobre a quién, por qué, para qué y cómo educar acerca respuestas sobre el quién soy como docente, discípulo y misionero de Cristo hoy y aquí. Quizás debas confiar más en el Señor y poner tu obra en sus manos y recordar como dice Madre Teresa Qué sería el océano sin esta gota de agua?.

      Comentario por Silvia Bruenner — agosto 25, 2010 @ 11:28 pm | Responder


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